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El patrimonio edificado no vive anclado al pasado. Se transforma, se habita y se adapta. En Jalisco, esa lógica sostiene la política de protección de inmuebles con valor artístico relevante, un universo arquitectónico que hoy suma mil 527 edificaciones bajo salvaguardia directa de la Secretaría de Cultura del Estado.
Se trata de fincas que, sin contar con una declaratoria federal, poseen atributos arquitectónicos, históricos y urbanos que las vuelven representativas de una época, particularmente del siglo XX, y que explican buena parte del desarrollo de las ciudades jaliscienses más allá de los grandes monumentos.
A este conjunto se añaden 21 mil 503 inmuebles de valor ambiental, cuya importancia radica en conformar el contexto urbano donde se insertan los bienes patrimoniales de mayor jerarquía. En su conjunto, delinean la memoria cotidiana de barrios, avenidas y colonias completas.
La Zona Metropolitana de Guadalajara concentra la mayor densidad de este acervo: mil 56 inmuebles relevantes se distribuyen en colonias como Americana, Lafayette, Moderna, Francesa, Vallarta Poniente y Chapalita, además de corredores históricos donde la evolución arquitectónica puede leerse casi sin interrupciones.
Chalets eclécticos, art déco, funcionalismo y arquitectura moderna conviven en un paisaje urbano que da cuenta del crecimiento, las aspiraciones y los cambios sociales del siglo pasado. Muchas de estas fincas se localizan fuera de los polígonos tradicionales de protección, pero conservan un alto valor cultural.
La protección del patrimonio inmueble en México se rige por una clasificación legal precisa.
Los monumentos históricos por determinación de ley, es decir, inmuebles anteriores a 1900 —principalmente religiosos, civiles públicos o militares—, son competencia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). En Jalisco se identifican 129 monumentos históricos de este tipo, además de más de dos mil casonas civiles bajo supervisión federal.
Por su parte, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) tutela los monumentos artísticos, edificaciones posteriores a 1900 con declaratoria presidencial por su valor excepcional a nivel nacional. En todo el estado sólo existen tres: la Casa ITESO Clavigero, de Luis Barragán; la Casa Cristo, sede del Colegio de Arquitectos del Estado de Jalisco; y el Mercado Libertad, San Juan de Dios, uno de los íconos urbanos de Guadalajara.
Entre ambas competencias se sitúa la Secretaría de Cultura de Jalisco, responsable de los inmuebles de valor artístico relevante y ambiental, piezas fundamentales para entender la identidad urbana y la historia reciente de las ciudades.
Estos inmuebles se localizan principalmente dentro de zonas de protección como el Centro Histórico de Guadalajara y el llamado polígono B: Zona de Monumentos Artísticos, donde predomina la arquitectura del siglo XX. La zonificación, aclara la autoridad cultural, no busca inmovilizar la ciudad, sino establecer reglas claras para intervenirla sin borrar sus huellas.
La salvaguardia patrimonial parte de una premisa central: los edificios deben adaptarse a nuevos usos para sobrevivir. Por ello, la Secretaría de Cultura evalúa cada intervención con base en la categoría del inmueble, su estado de conservación y el nivel de alteración propuesto. A mayor valor patrimonial, mayor cuidado técnico.
Para propietarios de fincas catalogadas o ubicadas en polígonos de protección, el procedimiento es obligatorio: toda modificación debe solicitarse ante la Dirección de Patrimonio Cultural, acreditando la propiedad y presentando un proyecto detallado.
Existen trabajos considerados de mantenimiento, como pintura, aplanados, carpintería, herrería o impermeabilización, que no alteran la estructura, pero que aun así deben ejecutarse bajo criterios técnicos adecuados.
Cuando se trata de intervenciones mayores, se exige un proyecto de restauración o adaptación elaborado por especialistas, con el fin de conservar o recuperar los elementos esenciales del inmueble. En casos donde estos se han perdido, la normativa permite incorporar un lenguaje arquitectónico contemporáneo, siempre que sea claramente identificable y dialogue con la edificación original.
La política patrimonial en Jalisco busca un equilibrio delicado: preservar sin museificar. Conservar una finca no es sólo mantener muros o fachadas, sino proteger una forma de vida, una memoria urbana y un fragmento de identidad colectiva.
En esa tensión entre protección y transformación se define el futuro de las ciudades históricas del estado, donde la arquitectura no es un recuerdo inmóvil, sino una herencia viva que sigue escribiendo su historia.






