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Entre los ladrillos y las tejas que le dieron identidad a este municipio de los Altos de Jalisco, también se cocinó durante generaciones una leyenda: la de las brujas que, según cuentan sus habitantes, salían a caminar por los cerros pasada la medianoche.
“Siempre se ha contado eso, que hay brujas, que embrujan a uno, que salen a las 12 de la noche, que caminan por los cerros”, relata un habitante de Acatic, municipio al que algunos visitantes llaman, entre broma y misterio, “Pueblo de brujas”.
La superstición no se quedó en el relato oral. Durante años, cualquier vestigio prehispánico que apareciera en un patio, un sembradío o una obra en construcción era motivo de temor, no de curiosidad.
“Se encuentra una piecita y dicen con esta piecita tienen embrujado a fulanito de tal, hay mucha gente que está enferma por cualquier otra cosa, por enfermedades naturales, pero igual se encuentran una piecita la desbaratan pensando que son brujerías”, cuenta Abraham Sánchez, habitante del municipio.
Adela Alvarado Robleda, también vecina de Acatic, recuerda haber sido testigo, siendo niña, de la destrucción de piezas que la gente asociaba con rituales oscuros:
“Las agarraban así y una sobre otra, esto es brujería, los usaban para hacer sacrificios… yo estaba muy pequeña y sí me tocó ver que las destruían”.
Otros, como Rafael Galván, matizan el origen de esas creencias: “Son cosas que uno va aprendiendo y digo a lo mejor no es cierto, son de los antepasados, cosas que uno va aprendiendo sobre la marcha”.
De la leyenda a la evidencia
El arqueólogo Javier Alanís Vilchis, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explica que ese miedo tiene consecuencias reales para el patrimonio: “Hay gente que encuentra entierros y cree ‘me traje al muerto a mi casa‘, muchos las vuelven a enterrar y muchos las destruyen, entonces es importante que sepan que no se van a traer al muerto”.
Pero algo empezó a moverse en Acatic. Un grupo de estudiantes de la Secundaria Foránea Número 30 decidió mirar su tierra con otros ojos. Hoy recorren cerros, sembradíos y barrancos en busca de vestigios prehispánicos, y con cada hallazgo no solo rescatan la historia de su comunidad, también transforman la manera en que sus propios padres y abuelos entienden su pasado.
“Encontramos puntas de flecha y también patitas, fue divertido porque mi mamá fue”, cuenta Yereli Vega Medina, alumna de la escuela, quien confiesa que ni siquiera sabía que su municipio tenía historia prehispánica: “No pensaba que cuando fuera a los cerros hubiera cosas prehispánicas, yo eso lo hacía en Estados Unidos, en otros países, y me sorprendí mucho cuando supe que aquí podía haber cosas prehispánicas”.
Robots contra el olvido
Para rescatar esa historia, los estudiantes recurrieron a una herramienta poco común en una comunidad rural: la robótica.
A través del programa STEM de Fundación Robotix, diseñaron y construyeron robots exploradores terrestres, aéreos y acuáticos para recorrer distintos puntos del municipio.
“Este es uno de los robots que utilizamos para explorar las cuevas prehispánicas, identifica posibles hallazgos dentro de las cuevas… para no arriesgar la vida de los arqueólogos”, explica Nicolás Gómez, otro de los alumnos involucrados.
El profesor Fernando Martín Alvarado, responsable del proyecto, detalla que, aunque los prototipos están armados con piezas de Lego, la tecnología detrás no tiene nada de improvisado: “La tecnología es de gama alta, la de un robot profesional, un robot que se controla por medio de un mando de videojuego, crearon esa interfaz, ellos la desarrollaron”.
El museo que construyó un pueblo
Cada pieza encontrada fue resguardada y registrada con apoyo del INAH, hasta dar origen al primer museo de sitio de Acatic, instalado dentro de la propia secundaria. “Me siento muy orgulloso del apoyo de todo el equipo, pudimos hacer este increíble museo que nos llena de orgullo, ya que es para todo Acatic”, dice el estudiante Adán González de Ávila.
El arqueólogo Alanís Vilchis reconoce que el caso es inusual:
“Lo que vemos ahorita es que a los jóvenes ya no les interesa mucho esto del patrimonio, entonces es muy fuera de lo común que una secundaria, alumnos más jóvenes, se interesen en este aspecto de recolección de piezas”. Y suma un dato: “Aquí ya hemos registrado más de 50 piezas y la gente sigue trayendo, lo bonito de los museos comunitarios es que la misma comunidad empieza a entregar piezas para que se exhiban”.
El cambio no se quedó en la escuela. Toribio, padre de uno de los alumnos, admite que su forma de ver las piedras del cerro cambió gracias a su hijo:
“Anteriormente no le hacíamos mucho caso a las piedras ni nada, tú veías una piedra y la veías como piedra, ahora que mi niño está estudiando esto, en sí él fue quien nos inculcó lo de las piedras”. Y añade, con orgullo: “Me sorprende mi muchacho porque ahora, como que él volvió a la generación más atrás que yo”.
Un libro para financiar el futuro
La experiencia también quedó registrada en Acatic Prehispánico, un libro escrito por los propios alumnos que ya va en su segunda impresión, con más de 500 ejemplares vendidos en la comunidad. Las ganancias se destinan a financiar nuevas investigaciones arqueológicas y el crecimiento del museo.
“Es un éxito de ventas, ese libro se ha vendido muy bien… ha ayudado a que las personas en Acatic cambien su forma de pensar, ahora tienen una mentalidad más abierta y un mayor interés por la educación”, detalla el profesor Martín Alvarado, quien asegura que ya tienen acceso a “prácticamente todos los ranchos, cerros y barrancos de Acatic” para un segundo proyecto.
Hoy, cuando algún habitante encuentra un vestigio en su patio o sembradío, ya no lo destruye por miedo a la brujería: lo resguarda y lo entrega al museo. La frase que resume el giro de este municipio alteño la pronuncia uno de los propios estudiantes: “No necesitas carreras para descubrir la historia, la historia está debajo de nosotros”.
De Acatic para el mundo.
Realización, guion y narración: Alma Gómez. Fotografía, edición y post-producción: Luis Gerardo Hernández V. Un reportaje del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión (SJRT), con la colaboración de la Secundaria Foránea No. 30 “Manuel López Cotilla”, la comunidad de Acatic, Jalisco, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia.






