Share This Article
El Club Deportivo Guadalajara volvió a imponer su narrativa en el partido más cargado de identidad en la ciudad. En el Estadio Jalisco, territorio tradicional de Atlas Fútbol Club, el clásico terminó con un 2-1 a favor del Rebaño en un encuentro donde la intensidad futbolística convivió con el inevitable capítulo de controversia arbitral.
El partido comenzó con un golpe temprano del equipo rojinegro. Al minuto 12, Paulo Ramírez interceptó un balón en la salida del Guadalajara y definió con un disparo cruzado que dejó sin opciones al guardameta Raúl Rangel, conocido como el “Tala”. El gol encendió a la tribuna atlista y otorgó a los locales una ventaja temprana.
El conjunto rojiblanco reaccionó con insistencia. Durante el resto del primer tiempo empujó el juego hacia el campo rival, acumuló aproximaciones y monopolizó la posesión, pero la claridad en el último toque seguía siendo esquiva. Así, el descanso llegó con Atlas al frente y con la sensación de que el partido aún tenía varias páginas por escribirse.
El guion cambió apenas iniciado el complemento. Al minuto 47, Armando González intentó un disparo que terminó desviado por el defensor Manuel Capasso. El balón cambió de trayectoria y terminó dentro de la portería. El empate devolvía la calma al Guadalajara y alteraba el equilibrio emocional del clásico.
Atlas intentó responder con transiciones rápidas, pero la ausencia de un delantero natural limitaba la contundencia del equipo. Mientras tanto, el partido se fue cargando de tensión hasta desembocar en el momento que transformó el ambiente en el estadio.

El árbitro Marco Antonio Ortiz Nava, conocido como “el Gato”, fue llamado por el VAR para revisar una acción dentro del área rojinegra. Tras observar la jugada, decidió señalar penalti a favor del Guadalajara.
La ejecución llegó al minuto 70. Armando González, apodado la “Hormiga”, asumió la responsabilidad desde los once pasos. Sin embargo, el portero Camilo Vargas detuvo el disparo y desató la euforia en las gradas rojinegras.
La escena parecía devolverle el impulso a Atlas, pero el partido todavía guardaba otro giro.
Cuando el reloj marcaba el minuto 83, otra falta dentro del área volvió a colocar al árbitro en el centro de la conversación. Ortiz Nava no dudó esta vez y señaló nuevamente penalti.
El balón cambió de dueño. Ángel Sepúlveda tomó la responsabilidad y, con un disparo firme, venció a Vargas para sellar el 2-1 definitivo.
Atlas intentó reaccionar en los minutos finales, pero la remontada ya no era posible. El Guadalajara controló el cierre del encuentro y salió del Estadio Jalisco con tres puntos que, además de sumar en la tabla, alimentan la rivalidad más intensa del fútbol tapatío.
En partidos como este, el marcador rara vez cuenta toda la historia. El clásico dejó goles, tensión, discusiones arbitrales y un desenlace conocido: la ciudad vuelve a dividirse entre interpretaciones, mientras el triunfo se queda del lado rojiblanco.
