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Con una ovación para los solistas, la Orquesta Filarmónica de Jalisco y el Coro Municipal de Zapopan, Lucia di Lammermoor regresó este domingo al Teatro Degollado para conmemorar los 160 años de la inauguración del recinto, ocurrida el 13 de septiembre de 1866 precisamente con la ópera de Gaetano Donizetti.
Cerca de 140 artistas participaron en la versión semiescenificada encabezada por la soprano Anabel de la Mora, como Lucia Ashton; el tenor César Delgado, como Edgardo di Ravenswood, y el barítono Enrique Ángeles, como Enrico Ashton, bajo la dirección artística y concertadora de José Luis Castillo.
Hace 160 años, Lucia di Lammermoor inauguró oficialmente el Teatro Degollado con Ángela Peralta como protagonista, en una función que recibió a la soprano mexicana entre aplausos y flores. Este domingo, la obra regresó sostenida por tres voces mexicanas.
Anabel de la Mora asumió uno de los papeles más exigentes del bel canto y construyó a Lucia desde la fragilidad inicial hasta la pérdida de la razón. Su interpretación combinó agilidad, precisión en la coloratura y control de la línea vocal, con especial fuerza cuando la exigencia técnica se puso al servicio del drama.
La célebre escena de la locura concentró esa evolución. De la Mora sostuvo el equilibrio entre virtuosismo y expresividad en un episodio que exige precisión absoluta mientras el personaje se desprende de la realidad.
Frente a ella, César Delgado dio a Edgardo una presencia decisiva. El tenor tapatío mostró una línea de canto lírica, cuidada en el fraseo y con proyección para transitar de los encuentros íntimos con Lucia a los pasajes de mayor tensión. Su personaje ganó peso conforme avanzó la obra, hasta conducir el desenlace trágico.
Enrique Ángeles, como Enrico Ashton, completó con autoridad el núcleo dramático. Su barítono aportó densidad y contraste frente a las voces de Lucia y Edgardo. Con firmeza en el registro central y presencia escénica, dio forma al personaje que precipita la tragedia al imponer el matrimonio de Lucia con Arturo y separarla de Edgardo.
De la Mora, Delgado y Ángeles sostuvieron así un triángulo vocal en el que ninguno resulta accesorio: Lucia concentra la tragedia, Edgardo encarna el amor frustrado y Enrico ejerce la presión que conduce el conflicto hacia su desenlace.
El reparto se completó con Rodrigo Urrutia, Jesús Miguel Frausto, Diana Martínez y Ricardo Calderón; Velvet Ramírez, Laura Castellanos y Paloma Martínez integraron el cuerpo de baile.
Desde la dirección musical, José Luis Castillo mantuvo el balance entre escenario y orquesta. La OFJ dio fluidez a una escritura que alterna intimidad, tensión y grandes conjuntos, mientras el Coro Municipal de Zapopan reforzó las escenas colectivas.
La representación recordó también otro momento clave en la historia del recinto. En 1966, para celebrar el centenario del teatro, Lucia di Lammermoor volvió al escenario con Ernestina Garfias, Plácido Domingo y Sherrill Milnes, bajo la dirección de Eduardo Mata.
Sesenta años después, Donizetti volvió a ocupar el escenario con una generación de intérpretes mexicanos al frente. La función confirmó la vigencia de uno de los títulos fundamentales del bel canto, tanto por la dificultad de su escritura vocal como por la solidez dramática de sus tres protagonistas.
Anabel de la Mora, César Delgado y Enrique Ángeles llevaron ese conflicto al centro de una noche en la que Lucia di Lammermoor volvió a encontrarse con la historia del Teatro Degollado y con el aplauso del público tapatío.




