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El sarampión volvió a encender las alertas sanitarias y Jalisco decidió no dar margen a la improvisación. La respuesta fue clara: la vacunación se convirtió en la prioridad número uno de la agenda de salud pública, con un énfasis especial en los municipios donde la movilidad de trabajadores jornaleros ha favorecido la propagación del virus.
Tras un análisis epidemiológico detallado, el Gobierno del Estado identificó que la mayor concentración de contagios se registra en zonas con alta afluencia de población migrante y temporal, lo que llevó a reforzar de inmediato las acciones preventivas y de contención.
La estrategia se sostiene en una coordinación permanente con la Federación. Autoridades estatales mantienen comunicación diaria con el Secretario de Salud federal, David Kershenobich, y han solicitado la participación directa de presidentas y presidentes municipales para ampliar el alcance de las campañas informativas.
“Necesitamos concientizar a la gente sobre la importancia de la vacunación”, señalaron funcionarios estatales durante un encuentro con medios, al subrayar que el éxito de la estrategia depende tanto de la logística como de la participación ciudadana.
Entre los ejes centrales de la campaña destaca el llamado urgente a la población de 49 años o menos para acudir a vacunarse, así como la garantía de que existen dosis suficientes y personal capacitado en todo el territorio jalisciense.
El enfoque es claramente preventivo: cortar la cadena de transmisión antes de que el brote escale, especialmente en regiones donde la movilidad laboral incrementa el riesgo de contagio. La vacunación masiva, insistieron las autoridades, es la herramienta más eficaz para contener la enfermedad.
Desde el sector salud se reiteró el exhorto a no bajar la guardia y acudir al centro de salud más cercano, al tiempo que se recordó que el sarampión es prevenible y que la inmunización salva vidas, no solo de quien recibe la vacuna, sino de toda la comunidad.
Con esta estrategia, Jalisco busca anticiparse al brote, proteger a las poblaciones más expuestas y evitar que el virus gane terreno en un estado marcado por la movilidad y la actividad agrícola. Aquí, la consigna es clara: vacunarse es un acto de salud pública y responsabilidad colectiva.







