Share This Article
La muerte del artista Melchor Peredo García, a los 99 años de edad, marca la despedida de uno de los últimos representantes del muralismo mexicano, corriente artística que definió buena parte de la identidad cultural del país en el siglo XX.
Originario de la Ciudad de México, encontró en Xalapa su hogar definitivo. En esa ciudad desarrolló gran parte de su obra y se integró a la vida cultural local, convirtiéndose en una figura reconocida en el ámbito artístico. Su deceso fue confirmado por su pareja, Lourdes Hernández Quiñones, quien lo despidió como un “muralista, antes que pintor, artista de mirada creativa”.
Formado bajo la influencia de figuras como José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, Peredo consolidó una trayectoria marcada por una visión nacionalista, humanista y democrática, con obras que trascendieron fronteras.
A lo largo de su carrera realizó más de 25 murales, varios de ellos en el extranjero, incluyendo espacios académicos en Francia y Estados Unidos, lo que consolidó su presencia internacional.
Su trabajo también se distinguió por una reinterpretación crítica de la historia, como en sus representaciones sobre la conquista, donde cuestionó figuras tradicionales como Hernán Cortés y La Malinche, otorgando una lectura contemporánea a los procesos históricos.
En sus últimos años, el artista continuó activo, reflexionando sobre el papel del muralismo en la actualidad. En una entrevista, sostuvo que este movimiento no estaba extinto mientras siguiera vivo en la conciencia social y artística.
“-Mientras no esté muerto yo, no está muerto el muralismo”, dijo.
Tras su fallecimiento, familiares, artistas y ciudadanos comenzaron a rendirle homenaje. En su velatorio fueron colocados pinceles desgastados, tubos de pintura y flores, símbolos de una vida dedicada al arte. En particular, el gobierno veracruzano, a través de si secretaría de cultura realizará un Homenaje en honor al destacado muralista, este próximo viernes 07 de noviembre.
Discípulos y promotores culturales coincidieron en que su legado no solo está en sus murales, sino en su aportación a la formación artística y a la memoria histórica del país.
Con su partida, México pierde a un creador cuya obra, plasmada en muros dentro y fuera del país, permanece como testimonio visual de su tiempo y de su compromiso social.


